Quiso volar, igual que las gaviotas
libre en el aire, por el aire libre.
Y los demás dijeron: pobre idiota
no sabe que volar, es imposible.
Pero extendió sus alas hacia el cielo
poco a poco fue ganando altura
y los demás quedaron en el suelo
guardando la cordura.
Y construyó castillos en el aire...
a pleno sol, en nubes de algodón
en un lugar a donde nunca nadie
pudo llegar usando la razón.
Y construyó ventanas fabulosas
llenas de luz, de magia y de color
y convocó al duende de las cosas
que tienen mucho que ver con el amor.
En los demás, al verlo tan dichoso,
cundió la alarma, se dictaron normas,
no fuera a ser que sea contagioso
tratar de ser feliz de aquella forma.
La conclusión, fue clara y contundente
lo condenaron por su chifladura,
a convivir de nuevo con la gente
vestido de cordura.
Alberto Cortez.
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